El escándalo indie de la semana es claro: Russian Red quiere irse de Eureka, pero no puede. El rumor es que ficharía por EMI y la pregunta del millón es quién puede quererse ir a una discográfica de la que los artistas huyen despavoridos. Joss Stone acaba de anunciar que está dispuesta a pagar 2 millones de libras para que la dejen largarse. Lo que ha pasado entre Eureka y Russian Red es turbio. Ella dice que el sello la ha engañado, que no es posible que con lo que está vendiendo tengan pérdidas y Eureka dice que el tema es "complejo" y que no quiere que "se airee".
Nadie va a presentar sus cuentas, empezando por ella, que dicen que ya cobra 7000 euros por gala (multiplicad, lleva un año de gira constante y sigue), ni ellos, que realizaron la grabación del disco en sus propios estudios, con un presupuesto muy reducido.
Para la promoción de sus artistas, Eureka contrata los servicios de Promociones Sin Fronteras, que también mueven a artistas de otros sellos como El Volcán o autoeditados, como es el caso de Vetusta Morla. Por su parte, la editorial EMI Publishing, aunque no se dedica a la promoción del artista como tal, sí contribuye a intentar colocar canciones en bandas sonoras o anuncios de televisión, dos bazas importantes de Russian Red. Probablemente nunca sabremos si los ingresos generados por las 20.000 copias vendidas de 'I Love Your Glasses', últimamente a 9,95 euros cada una, sólo han servido para cubrir gastos promocionales o de producción, pero lo que sorprende es que el rumor, iniciado por Rolling Stone hace unos meses, sitúe a Lourdes queriendo irse precisamente a la discográfica de EMI.
EMI ha podido tener algo que ver en la generación de derechos de autor para la Rusa Roja, pero lo cierto es que no pasa evidentemente por su mejor momento, al igual que cualquier otro sello discográfico. La nueva industria cambiante no ofrece ningún tipo de garantías para artistas que están empezando pero tampoco ni siquiera para los que ya están consagrados. Dice Russian Red que para abandonar el sello, por romper su contrato, Eureka le pide casi tanto como a un futbolista, pero Joss Stone está tan desesperada por irse de EMI que está dispuesta a pagar 2 millones de libras y así poder editar su nuevo disco, después de haber vendido en su carrera 11 millones de copias de nada.












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