Estructurando el film en cinco capítulos, la película sigue dos líneas argumentales distintas de venganza y sangre, la de los bastardos del título (comandados por un divertidísimo Brad Pitt, actor con mayúsculas lejos ya de su posición de ídolo adolescente) y la de Shosanna (emotiva Melanie Laurent), una joven judía propietaria de un cine donde se va a celebrar el multitudinario estreno de un film nazi dirigido por Goebbels. Detrás de ambos anda el coronel Hans Landa (prodigioso, repito, prodigioso Christoph Waltz), coronel nazi de increíble inteligencia y olfato investigador.
Tarantino toma como base diálogos fundamentados en la anécdota y lo cotidiano para definir unos personajes que se quedan en el recuerdo del espectador, intepretados todos ellos de forma entusiasta. Con estos elementos el director de Pulp Fiction parodia como nadie los estereotipos del cine bélico de serie B –y a Hitchcock, De Palma, Godard, Rohmer...-, genera suspense en dos o tres ocasiones memorables y se pasa la Historia, con mayúsculas, por donde quiere. Es memorable el comienzo de la cinta, una hilarante conversación sobre la leche de vaca en la que Christoph Waltz demuestra que está en la cinta para ganar el Oscar, así como el segundo capítulo de la misma, que presenta a los Bastardos en plena acción.
Son muchas cosas las que se le pueden reprochar a Tarantino, pero la coleccón de instantes mágicos, frases y personajes arrebatadores elevan el comic desenfrenado que es Malditos Bastardos al olimpo de sus mejores peliculas. El director de Jackie Brown está satisfecho revolcándose en su postmodernidad y el delirio camp, pero genera imágenes de una belleza, emotividad y musicalidad memorable, que elevan el trazo grueso del trash a la categoría de arte.
Tarantino, por si no quedaba claro, lleva ya casi diez años satisfecho poniendo el dedo en la llaga de aquello de lo que sus detractores más acérrimos le acusan, el elaborar amorfos Frankenstein fílmicos compuestos de piezas de otros cuerpos. Lo que separa su autocomplacencia de la de otros es que Tarantino es un mago prodigioso que sabe divertirse y divertir a su público mientras lo hace. Porque Malditos Bastardos en una diversión y un entretenimiento de primera, dos horas y media de las que pasan en un suspiro.
(Libertaddigital.com)













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