Los constructores han puesto los puntos sobre las íes en la financiación privada de las infraestructuras. En los constantes encuentros que están manteniendo con el ministro de Fomento, José Blanco, le han dejado claro que necesitan cambios y ayudas para poder hacer frente a los 15.000 millones que el Ejecutivo les ha reservado en los próximos tres años. Si no, les resulta prácticamente imposible afrontar obras por encima de 500 millones.
Según documentos a los que ha tenido acceso elEconomista, para evitar la hecatombe los grupos de infraestructuras han elaborado un amplio abanico de soluciones, tanto para las concesiones clásicas -el famoso peaje y sus derivados- como para las autopistas que financian y construyen las compañías, y tras la finalización de las obras les paga el Estado -fórmula conocida como método alemán-.
Aunque esta medida puede considerarse la estrella del plan que han propuesto los constructores al Gobierno, todas las partes son conscientes de que hacen falta más ideas. Y éstas alcanzan a todas las versiones de financiación privada: peaje clásico, en sombra, pago por disponibilidad y método alemán. Este último, según los grandes constructores, necesita urgentemente garantías estatales, porque los bancos no quieren asumir más riesgos de crédito constructor. Pero, tal y como están diseñados actualmente, no existe otra opción.
Otra línea de actuación propuesta por los constructores va dirigida a alargar el periodo de vida de las concesiones y, sobre todo, a garantizar unos ingresos mínimos y unos determinados márgenes de rentabilidad. Con este objetivo, aspiran a elevar desde los 36 años actuales hasta 72 años el plazo en que son titulares de la autopista.
Más llamativa resulta la idea de ligar los peajes al PIB nominal per cápita, y no a la inflación como ocurre ahora, o la posibilidad de modificar libremente la tarifa con la única obligación de alcanzar unos determinados niveles de tráfico.
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