Una verdadera “máquina de crear enfermedades”. El Disease Mongering Engine, al que se puede acceder a través del sitio NaturalNews.com, es capaz de generar más de 73 mil nombres de trastornos diferentes y su objetivo es en realidad parodiar o poner en ridículo al discurso psiquiátrico. Este motor/generador de enfermedades utiliza terminología técnica que imita la lógica de enfermedades mentales utilizada en el manual DSM-IV, donde la Asociación Psiquiátrica Estadounidense (APA) define a los trastornos de los que se ocupan lo psiquiatras.
Al llegar a la página de inicio de esta máquina, debes pulsar el botón indicado para “crear” tu nueva enfermedad mental y automáticamente eres llevado a una página donde te brindan el nombre, las siglas (en inglés) y la descripción del trastorno, fruto de combinaciones al azar que el sistema se encarga de generar. Por ejemplo, recién acabo de enterarme que tengo un “Desorden Nervioso Bipolar Repetitivo con Incontinencias”, Repetitive Bipolar Nervous Disorder With Incontinence (RBNDWI). Naturalmente que semejante tecnicismo viene acompañado con su clarísima explicación y justificación de lo que me sucede: "RBNDWI primarily involves frequently repeated thoughts and behavior surrounding unpredictably extreme mood responses when using the brain, combined with an inability to control one's own bladder". Es decir, mi humor cambia rápidamente de manera impredecible cuando uso muchomi cerebro y eso desemboca en orinarme encima.
Peor es que te sorprenda un IAGD de repente (Intermittent Amnestic Gender Dysfunction) y que no recuerdes con exactitud de qué lado estás en el momento menos esperado. Incluso, los creadores del sitio informaron que, luego de una entrada de patrones al azar, el programa inventó más de 25 desórdenes que actualmente figuran de manera textual en el DSM-IV. Pero, ¿a quién se le ha ocurrido esto? El programa fue ideado por Mike Adams, conocido por sus duras críticas al “negocio”. “La psiquiatría moderna” – opina Adams – “ha perdido su ruta y se transformó en una rama del
marketing de las farmaceúticas”. Desde su óptica, categorías como el llamado “Trastorno por déficit de atención (ADD)” o el “Trastorno social de ansiedad” son categorías “inventadas” por los laboratorios y por la corporación de psiquiatras para vender las soluciones correspondientes, como toda empresa que busca incrementar sus ganancias.
“Convencer a la gente sana de que está enferma y ponerla en riesgo con medicación química poco segura no es una forma legítima de promover su acercamiento a la salud”, asegura el creador de este sitio de Internet. Sin embargo, su prédica no resulta ser una novedad. Dentro y fuera del campo de la salud mental, la crítica a lo que se llama “disease mongering” o “tráfico de enfermedades” poco a poco va ganando adeptos en todo el mundo y plantea un serio cuestionamiento sobre “la forma” en que una parte de la ciencia médica está desarrollando soluciones para el sector de la salud.
Según Adams, las grandes corporaciones farmacéuticas y la psiquiatría moderna son una especie de hermanos siameses unidos por partes vitales del cuerpo. Por supuesto que de intentar separarlos, uno (o tal vez los dos) moriría de manera indefectible. Y ellos dependen uno del otro para poder tener un éxito comercial que les depare un venturoso porvenir. Un grupo es el encargado de inventar las enfermedades ficticias y el otro ha llegado al mundo para fabricar las soluciones (las drogas) a estas enfermedades, a veces funcionando a la inversa, cuando las compañías farmacéuticas ensayan nuevas drogas en tratamientos aún por comprobarse que apenas han superado las instancias de ensayos de laboratorio. Según Adams, esto constituye una estafa brillante y amparada bajo la confianza popular en las habilidades profesionales de los psiquiatras, de quienes Adams no posee el mejor de los conceptos, según se desprende de sus opiniones vertidas en la Web.
Basándose en los derechos constitucionales de la libertad de expresión, el programa desplegado por el sitio es una simple anécdota humorística y sólo en alguna mente verdaderamente perversa podría despertar sensaciones de ataque hacia la que Adams considera la “buena” medicina. Las discusiones para cierto sector crítico se centran en saber si las enfermedades verdaderamente existen o no. Es decir, si a la categoría de diagnóstico le corresponden parámetros clínicos que puedan definirse como una enfermedad propiamente dicha. En este sentido, la psiquiatría es un campo paradigmático debido a que la mayoría de los diagnósticos se efectúan en base a la conducta o el malestar de la persona y pocas veces en base a manifestaciones fisiológicas u orgánicas empíricamente comprobables en el paciente.
Por ejemplo, la andropausia masculina – situación generalizada de decaimiento y malhumor en hombres de más de 50 años, atribuida al déficit de la hormona testosterona – ha sido ampliamente estudiada como un ejemplo de enfermedad “creada” por la industria. En este caso, la polémica acerca de si la andropausia “es o no es” una enfermedad puede no tener fin. Sin embargo, la polémica avanza mucho más allá de la psiquiatría y de una supuesta cultura de convertir todo malestar en una nueva enfermedad o toda conducta molesta en un nuevo trastorno. Actualmente en Europa se habla de la vacuna contra el HPV como ejemplo de mongering, porque este virus de transmisión sexual, si bien está muy diseminado entre la población mundial, sólo el 1% de la infecciones provoca. En cambio, para otras personas no se trata de definir si los trastornos en cuestión existen o no, ya que la mayoría de las veces son los propios pacientes quienes concurren al consultorio del psiquiatra en busca de un alivio para su malestar y, en la mayoría de los casos, las medicaciones que el profesional prescribe como consecuencia del diagnóstico son eficaces. La medicalización de la sociedad sería, desde este punto de vista, una tendencia del mercado y a la vez un modelo de desarrollo de la salud, funcional a la industria farmacéutica, que sería en definitiva quien toma las decisiones para definir y separar qué es salud y qué es enfermedad.
cáncer de cuello de útero, que es el mal mayor que se intenta prevenir. La complejidad del problema es muy grande y va más allá de la imposición publicitaria de una “cultura de la medicalización”.
















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