Beber vino es como orar
El repicar constante de las campanas de las iglesias forma parte integrante de la ciudad lo mismo que escanciar en las copas el buen vino franco. "Empinar el codo es un pecado, beber vino es como orar" - por donde se mire, los habitantes de Wurzburgo son personas muy devotas. La historia de la viticultura es, cuando menos, tan antigua como la historia de la propia ciudad. Y ésta se remonta a tiempos pasados, muy pasados: Desde hace más de 1.300 años Wurzburgo es una ciudad episcopal. En sus orígenes, los príncipes eclesiásticos gobernaban, muy por encima del pueblo llano, desde la fortaleza que reina majestuosa en la colina Marienberg. Sin embargo, parece ser que a principios del siglo dieciocho los obispos se cansaron de la vida entre muros fríos de las alturas diáfanas y le encargaron a Balthasar Neumann que les construyese una estancia realmente fastuosa. Como un diamante ribeteado en verde se erige la pomposa Residencia del príncipe-obispo. Los príncipes eclesiásticos no sólo mandaron edificar palacios para su propio uso, sino también lugares de oración destinados al pueblo: en el centro urbano, numerosos campanarios, rojizos en su mayoría y con todo lujo de ornamentos, se elevan sobre un mar de edificios.
La ciudad Wurzburgo de hoy en día
El aire barroco que conserva la Wurzburgo actual no se debe tanto a la Iglesia cuanto a sus ciudadanos. El 16 de marzo de 1945 las bombas de las Fuerzas Aéreas Británicas convirtieron en escombros y cenizas a más de un 90 por ciento de la ciudad. En lugar de desanimarse, los ciudadanos de Wurzburgo reconstruyeron de nuevo muchas cosas. Los ornamentos afiligranados de estuco y las alegres fachadas conquistan a los grupos de turistas que inician en Wurzburgo su andadura a lo largo de la "Ruta Romántica".
Fuentes del bienestar
A diferencia de lo que ocurre hoy en día, antiguamente nadie se podía permitir el lujo de vagar de un país a otro por mero placer. Los viajes, muy incómodos, eran todos de carácter mercantil y se realizaban por la "antigua ruta de comercio". El río Meno era un obstáculo serio a tener en cuenta que sólo se dejaba dominar en muy pocos tramos. Uno de ellos lo constituía el vado situado en la ciudad de Wurzburgo actual. Enseguida se instalaron allí artesanos y comerciantes para ofrecer sus servicios y productos a los viajeros y a los barcos que navegaban por el Meno. Aunque ahora los comerciantes ya no vadean el río con los pantalones remangados, el comercio y la artesanía siguen determinando todavía la vida económica de Wurzburgo.
Licencia para imprimir dinero
En Wurzburgo no sólo se gana dinero, sino que también se imprime: de las máquinas impresoras de Wurzburgo salen desde periódicos como el "New York Times" hasta billetes de todos los países soberanos. Pero para desgracia de muchos falsificadores de billetes, estas máquinas no se las suministran a cualquier persona.




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