Películas sobre John Dillinger ya ha habido unas cuantas, algunas mejores y otras peores, aunque la mayoría de ellas, hay que reconocerlo, perfectamente olvidables salvo un par de excepciones. De cualquier manera, no faltan oportunidades para acercase a la figura de este legendario atracador desde la pequeña o desde la gran pantalla, pero una nueva es siempre bienvenida, y más cuando viene firmada por Michael Mann (Heat) y el que le pone cara a es nada más y nada menos que Johnny Depp, uno de los actores más carismáticos de su generación. John Dillinger es todo un mito, pero le cogeremos más cariño ahora que todavía estamos recordando las escandalosas cifras que los Gobiernos de todo el mundo destinaron a salvar a los bancos de su crisis. En el fondo, a todos nos gustaría ser Dillinger y llevarnos un pellizco de ese dinero. El bandido más célebre de los años 30 puede ser perfectamente un héroe de hoy en día.
Y es precisamente este aspecto mítico de Dillinger en lo que se centra Michael Mann o, al menos, en lo que resulta más brillante. Porque este es un biopic de acción: los tiroteos, las huídas y las persecuciones son constantes. A lo largo del metraje vemos más balas y oímos más disparos de los que hubiéramos podido imaginar. Al mismo tiempo, asistimos también a una dura persecución policial liderada por el agente Melvin Purvis (Christian Bale, que prácticamente repite el papel de El tren de las 3:10), y al nacimiento de una nueva manera de investigar (¿localizar a un fugitivo gracias a un abrigo?).
Pero, como decíamos, los mejores momentos de Enemigos públicos, cinematográficamente hablando, son aquellos en los que Dillinger se enfrenta a su propia imagen mítica. Habrá que esperar a los últimos minutos de películay- trataremos de no desvelar nada del argumento- para ver dos escenas brillantes en las que el protagonistas se regodea y saca pecho ante la imagen que de él ha construido la sociedad. Una en la comisaría, otra en el cine.
Así, Michael Mann trata desde una perspectiva absolutamente moderna una historia de hace setenta años exquisitamente ambientada en su época, y ahonda en la psicología del personaje de una manera sutil. ¿Lo malo? El duelo interpretativo. Johnny Depp está, como siempre, sensacional, pero Christian Bale no está a la altura.













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