Por primera vez desde que anoche se anunciara el posible cisma en la Fórmula 1 ha hablado Fernando Alonso. Ha sido una declaración brevísima pero contundente que añade presión a Max Mosley y Bernie Ecclestone y pone voz al malestar de los pilotos y las escuderías. "La Fórmula 1 está acabada", ha dicho el asturiano en los micrófonos de la BBC. Una frase lapidaria con marchamo de amenaza cuya esencia da la impresión de que comparten el grueso de sus colegas en estas horas cruciales para el futuro de la competición.
Alonso no cree que la Fórmula 1 pueda seguir adelante sin las grandes escuderías: "Una competición con motores iguales y equipos pequeños y sin conductores... Eso no es la Fórmula 1 que la gente quiere. La nueva competición será la nueva Fórmula 1".
Se refiere Alonso por supuesto a la competición que aseguran que pondrán en pie a partir del próximo año los ocho grandes equipos: BMW, Ferrari, McLaren, Renault, Toyota, Red Bull, Toro Rosso y Brawn GP. Una competición que según dicen aspira a atraer lo antes posible a los grandes pilotos y a los grandes patrocinadores después de que rompieran sus negociaciones con la FIA anoche de madrugada.
"Ya que no se ha llegado a un acuerdo, que era lo que todos queríamos, lo menos malo es saber que (los equipos) han decidido seguir compitiendo al más alto nivel, con la máxima tecnología y con los coches más rápidos del mundo", dijo el español.
A juicio del español "lo que está claro es que el año que viene van a correr los mejores equipos del mundo contra los mejores equipos del mundo, aunque el campeonato se llame de otra manera". "En ese sentido estoy tranquilo", dijo.
El detonante del conflicto hay que buscarlo en la voluntad de la FIA y de su presidente, Max Mosley, de imponer un tope presupuestario a las escuderías, pero como telón de fondo se halla el debate sobre la continuidad de Mosley, cuyo estilo autocrático no gusta a los equipos y que debe ser reelegido o depuesto el año que viene.
Si la postura de las escuderías es o no de un farol se sabrá quizá en las próximas horas. Los expertos creen que al final la FIA y los equipos terminarán cediendo. Sobre todo porque unos y otros salen perdiendo con el cisma.
En cualquier caso, Silverstone es esta mañana un hervidero de carreras y rumores en torno
a la posibilidad de un posible acuerdo que rescate la continuidad de la Fórmula 1. En este sentido, todas las miradas se vuelven hacia el patrón del circo, Bernie Ecclestone, llamado a ejercer de mediador entre su amigo Mosley y los grandes equipos.
A su llegada al circuito esta mañana, Ecclestone se hacía el loco y fingía no saber de qué iba el asunto: "No tengo ni idea. Hablad con Max. Seguro que luego estará por aquí". Max llegó una hora y media después. Al principio no dijo ni media palabra. Luego, con el rostro impávido y acosado por las cámaras, deslizó una frase que rezuma orgullo: "Haremos un comunicado esta tarde, pero la Fórmula 1 no necesita que nadie la salve. La Fórmula 1 goza de muy buena salud".
Una opinión que no comparten pilotos, ex pilotos y personalidades, que esta mañana mueven sus hilos para lograr que cuaje un último hilo de mediación. Lo ha insinuado el tricampeón Jackie Stewart, que ha dicho esta mañana: “Ahora los equipos no tienen que hacer nada. Es Max [Mosley] quien tiene que volverlos a sentar a la mesa y Bernie Ecclestone quien debe forzar a Max. No tiene sentido ponerles limites presupuestarios a los equipos porque son empresas privadas y ya planean recortes por su propio interés”.
(Elmundo.es)












.jpg)